El Caso Carlos Delgado

El miércoles 7 de enero del 2015 los cronistas estadounidenses dieron a conocer sus selecciones para la exaltación al Salón de la Fama de Béisbol. Los cuatro favorecidos y nuevos integrantes de tan exclusivo grupo fueron John Smoltz, Randy Johnson, Craig Biggio y el dominicano Pedro Martínez.
Lo que llamó la atención de los puertorriqueños fue la exclusión permanente del pelotero Carlos Delgado a pesar de sus impresionantes estadísticas. Su nombre, marcado en solamente un tres porciento de las boletas ya no figurará en futuras listas debido a que no recibió el porcentaje mínimo de cinco porciento para continuar. Hablar del 2025 es una estupidez.
¿Qué pasó con Carlos? Para entender este caso hay que conocer la historia y cultura del pueblo estadounidense. Cuando al comienzo de los juegos se interpretaba el himno de la nación todos los peloteros salían al campo en respeto a la ocasión. Carlos, por sus convicciones, se quedaba sentado. Eso es todo el problema.
Los Estados Unidos veneran sus símbolos a los cuales se espera que se le muestre respeto. El himno, la bandera, la Constitución, el presidente, el capitolio, las cortes, el congreso, la estatua de la libertad, los monumentos a Washington y Lincoln son algunos de ellos. Este país es uno de los más nacionalistas del mundo, el que se la hace se la paga. Aún más, los Estados Unidos simplemente le arrebató a México los hoy territorios de California, Arizona y Nuevo México. A España le quitó Filipinas, Guam y Puerto Rico y a Rusia le compra por una bagatela de $7,200,000 al inmenso territorio de Alaska con más de medio millón de millas cuadradas y abundantes recursos naturales. Luego el presidente James Monroe se inventa la doctrina Monroe o Destino Manifiesto que especificaba que ninguna otra potencia no americana podría intervenir en este hemisferio. ¿Ve usted lo buenos que son? Cuando ocurrió el ataque terrorista a las Torres Gemelas el presidente Bush dijo “se hará justicia”, cuando mataron a Osama Bin Laden Obama dijo “se hizo justicia”. Por lo tanto para los estadounidenses al Carlos quedarse sentado mientras se interpretaba el himno y no salir era una falta de respeto intolerable. Aunque tiene sus razones que solo sus convicciones explican, las mismas no convencieron a los norteamericanos.
Usted puede o no estar de acuerdo con las tradiciones, pero las mismas son pilares de una cultura y “every choices have consequences”. Esta actitud patriótica ha sido consistente. En el caso de Roberto Alomar no lo seleccionaron en la primera ronda por escupir a un árbitro blanco en la cara, José Feliciano interpretó el himno en un acto y a los presentes no les gustó la forma de hacerlo por lo que lo boicotearon por cinco años en los cuales no pudo ni vender un disco. Jane Fonda, durante la guerra de Vietnam se retrató con unos miembros del vietcon del norte por lo que fue censurada, todavía lo es, por todas las madres cuyos hijos estaban en esa guerra. Oscar López Rivera, puertorriqueño sentenciado injustamente a 72 años de cárcel no ha recibido el indulto de Obama, a pesar de la presión mundial, porque le teme a las estructuras de poder. O. J. mató a su ex esposa y amigo y un jurado de negros lo sacó absuelto, pero el sistema le dio seguimiento y tan pronto falló al robarse unos trofeos lo volvieron a acusar y todavía está preso. A el dictador de Panamá Manuel Noriega, cuando amenazó a los Estados Unidos, fueron y lo capturaron, se lo llevaron y todavía está preso, y cuando Aníbal Acevedo Vilá mencionó más de una vez de llevar el caso de Puerto Rico ante las Naciones Unidas lo juzgaron y no lo metieron preso porque el objetivo era descarrilarlo políticamente, lo que ocurrió.
Carlos Delgado es una persona honesta, valiente e inteligente. El conocía a lo que se exponía por lo tanto racionó “no me han quitado nada, “nadie me quita lo bailao”. El vivir en un tipo de entorno como ese, racista y nacionalista trae consecuencias y realidades. Los Estados Unidos es una nación de inmigrantes que cuando se nacionalizan se vuelven más americanos que los propios nativos.
En resumen, cualquier persona que conoce la trayectoria del “sueño americano” sabe que este opera con unas reglas inviolables que fueron dictadas por los padres de la nación (Washington, Jefferson, Maddison, los hermanos Smith y Patric Henry, (el que dijo “me dan la libertad o me dan la muerte”) entre otros. En nuestras visitas a esa nación, Disney World en específico, siempre utilizamos una gorra con el emblema “korean veteran”, y nos sorprendió el número de personas que se nos acercan para decirnos “thanks for your services for our nation”.
Contra este nacionalismo es que chocó Carlos Delgado. Tajantemente le dijeron “si la nación es buena para pagarte $30 millones por temporada de seis meses también puede exigir por lo menos alguna cortesía al himno”. La posición de Carlos solo la entiende y la siente él. Eso no hay quien se lo quite y por eso la respetamos.

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